Inteligencia colectiva: el espíritu de la colmena

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Posted on 21st enero 2010 by redondomartin in Redes Sociales

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Nor­mal­mente cuando se habla de nue­vas tec­no­lo­gías se suele hablar del pre­sente inme­diato, de la espuma de los días, y del futuro, una cues­tión a la que somos espe­cial­mente afi­cio­na­dos al comen­zar el año. Jus­ta­mente por ello he deci­dido hacer lo con­tra­rio, con ello des­pejo mi igno­ran­cia y acaso aporte algo de luz sobre un tema que sí es de actua­li­dad: la lla­mada Web 2.0.

El extra­or­di­na­rio fenó­meno de la Wiki­pe­dia y la reciente explo­sión demo­grá­fica de las redes socia­les ha traído al pri­mer plano algu­nas ideas ape­nas tran­si­ta­das: una de ellas es la noción de inte­li­gen­cia colec­tiva. Un con­cepto que cobró cierto auge en los 90 al albur de las nue­vas tec­no­lo­gías y que apa­renta for­mar parte de la moder­ni­dad, pero que en reali­dad se trata de una idea que hunde sus raí­ces en la alta cul­tura del medievo.

Fotograma de El Espíritu de la Colmena

¿Qué es? La pro­pia enci­clo­pe­dia colec­tiva da una buena defi­ni­ción del concepto:

Es una forma de inte­li­gen­cia que surge de la cola­bo­ra­ción y con­curso de muchos indi­vi­duos. Apa­rece en una amplia varie­dad de for­mas de toma de deci­sio­nes con­sen­suada en bac­te­rias, ani­ma­les, seres huma­nos y compu­tado­ras. El estu­dio de la inte­li­gen­cia colec­tiva puede ser con­si­de­rado pro­pia­mente como un sub­campo de la Socio­lo­gía, de las cien­cias de la compu­tación y del com­por­ta­miento de masas, un campo que estu­dia el com­por­ta­miento colec­tivo desde el nivel de quarks hasta el nivel de las bac­te­rias, plan­tas, ani­ma­les y socie­da­des huma­nas. Tal defi­ni­ción surge de los tra­ba­jos de Peter Rus­sell (1983), Tom Atlee (1993), Pie­rre Levy (1994), Howard Bloom (1995), Fran­cis Hey­lighen (1995), Dou­glas Engel­bart, Cliff Joslyn, Ron Dembo, Gott­fried Mayer-Kress (2003) y otros teóricos.”

Aun­que la defi­ni­ción es bas­tante cierta, no se entra al ori­gen del asunto. Una de las obras clave de estos auto­res, que pre­ci­sa­mente incor­pora el tér­mino en su título apunta a un ori­gen con­cep­tual muchí­simo más anti­guo, con­cre­ta­mente al siglo X. Esta obra es “La inte­li­gen­cia colec­tiva. Por una antro­po­lo­gía del cibe­res­pa­cio”, de Pie­rre Lévy (La Décou­verte, Paris 1994) [ http://www.udenar.edu.co/virtual/inteligenciaColectiva.pdf]. Este libro es extre­ma­da­mente intere­sante, al tiempo que muy poco citado por la dema­siado anglo­sa­jona lite­ra­tura sobre la Web 2.0. El docu­mento nos sirve entre otras cosas para tra­zar el ori­gen filo­só­fico y lite­ra­rio del asunto, según este autor la pri­mera con­cep­ción de inte­li­gen­cia colec­tiva figu­ra­ría en la obra de Al Farabi (872–950):

La idea del la inte­li­gen­cia colec­tiva fue sin dudas des­crita explí­ci­ta­mente y pen­sada con rigor por pri­mera vez entre los siglos X y XII, en un medio islá­mico, por una casta de teó­so­fos per­sas y judíos que se refe­rían a una inter­pre­ta­ción neo­pla­tó­nica de Aris­tó­te­les. Al Farabi (872–950), Ibn Sina (el Avi­cena de las tra­duc­cio­nes lati­nas: 980‑1037), Abul-Barakat-Al-Bagdadi (muerto en 1164) y Mai­mo­ni­des (1135–1204) cuen­tan entre los prin­ci­pa­les pen­sa­do­res de esta tra­di­ción. Por más de una razón esta corriente debe rete­ner nues­tra aten­ción. Pri­me­ra­mente, Al Farabi e Ibn Sina situa­ron en el cen­tro de su antro­po­lo­gía la idea de una inte­li­gen­cia única y sepa­rada, la misma para el con­junto del género humano, que se puede con­si­de­rar anti­ci­pa­da­mente como un inte­lecto común o colec­tivo. Este “con­ciente colec­tivo” fue nom­brado el inte­lecto agente por esos mís­ti­cos artis­to­té­li­cos por­que es una inte­li­gen­cia siem­pre en acción – que no cesa de con­tem­plar ideas ver­da­de­ras– y que hace pasar al acto (que hace efec­ti­vas) las inte­li­gen­cias huma­nas emi­tiendo hacia ellas todas las ideas que per­ci­ben o con­tem­plan. Este inte­lecto común une los hom­bres a Dios, un Dios esen­cial­mente con­ce­bido como pen­sa­miento, pen­sán­dose él mismo, una divi­ni­dad que conoce y que es una forma de cono­ci­miento, más que todo pode­rosa, una inte­li­gen­cia pura que solo es crea­dora por añadidura.”

El persa Al Farabi, no es cual­quiera: Ave­rroes y Mani­mo­ni­des lo con­si­de­ra­ban el Segundo maes­tro, tras Aris­tó­te­les. Esta tra­di­ción fara­biense influyó inequí­vo­ca­mente en un autor impor­tante en la his­to­ria de la Cien­cia Fic­ción: Olaf Sta­ple­don. Éste, en su libro Hace­dor de estre­llas, nos des­cribe de una forma fas­ci­nante el sur­gi­miento de una “mente comu­nal”. Si lee­mos con aten­ción los capí­tu­los 8 y 9 es impo­si­ble igno­rar el enfo­que fara­biense (en este caso con un matiz ateo) de esta obra genial. Hay un par de cosas más que unen a Sta­ple­don con Al Farabi: una, ambos eran filó­so­fos ¿cono­cía Sta­ple­don el pen­sa­miento de Al Farabi? es más que pro­ba­ble; dos, resulta que Al Farabi es autor de uno de los libros pre­cur­so­res de la cien­cia fic­ción: Opinio­nes de los miem­bros de la ciu­dad ideal (tra­du­cido en España como “La ciu­dad ideal”, trad. M. Alonso, Madrid, Ed. Tec­nos, 1985.), obra que pre­cede varios siglos a la Uto­pía de Tomás Moro. Cito de nuevo a Pie­rre Lévy:

“Somos, pues, [según estos filó­so­fos] inte­li­gen­tes en acto única­mente gra­cias al inte­lecto agente, común al con­junto de la huma­ni­dad, que es una espe­cie de “cons­ciente colec­tivo”. Para el hom­bre, el grado supremo de la feli­ci­dad es evi­den­te­mente unirse al inte­lecto agente, cap­tar lo más ple­na­mente y mejor posi­ble la emi­sión angélica.”

En cuanto a la defi­ni­ción del terri­to­rio, del esce­na­rio del cons­ciente colec­tivo revi­si­tado en los noventa, hay una pala­bra clara y dela­tora: “el cibe­res­pa­cio”, algo que en 1994 era un con­cepto inci­piente, pues estaba ger­mi­nando la que iba ser la pri­mera explo­sión de Inter­net: la de la World Wide Web y el correo elec­tró­nico. El con­cepto de cibe­res­pa­cio pro­viene una vez más del fér­til cri­sol de la mejor cien­cia fic­ción: la novela Neu­ro­mante (Neu­ro­man­cer), de William Gib­son, la obra cum­bre del Cyber­punk. Entre este polo dis­tó­pico y la visión utó­pica de Al Farabi dis­cu­rre el pen­sa­miento de Lévy, que cons­ciente de ambos apuesta sin duda por esta segunda opción, en una espe­cie de lla­mada a la acción para la recons­truc­ción inte­lec­tual del pala­cio de Cnosos:

los minoi­cos inven­ta­ron el labe­rinto, es decir, la com­ple­ji­dad cul­tu­ral, la inte­li­gen­cia colec­tiva pro­yec­tada al espa­cio arquitectónico. …

El pro­yecto de la inte­li­gen­cia colec­tiva pre­su­pone el aban­dono de la pers­pec­tiva del poder. Quiere abrir el vacío cen­tral, el pozo de cla­ri­dad que per­mite el juego con la alte­ri­dad, la qui­me­ri­za­ción y la com­ple­ji­dad labe­rín­tica. Ahora bien, el pala­cio de luz, labe­rinto blanco, hue­lla arqui­tec­tó­nica de una ale­gría de vivir, de una belleza, de una lige­reza sobe­rana, se con­vierte, a los ojos de la polé­mica que solo se reco­noce a ella misma en todas par­tes, en el labe­rinto negro, trampa mor­tal que abriga a un mons­truo devo­ra­dor de hom­bres. La leyenda del labe­rinto mani­fiesta la inca­pa­ci­dad de hallar la salida pací­fica. Tanto en el lejano pasado cre­tense como en el hori­zonte del opaco futuro pla­ne­ta­rio, la cul­tura de la poten­cia y de la paz parece indes­ci­fra­ble. La escri­tura Lineal B, la escri­tura de los micé­ni­cos en Creta, fue deco­di­fi­cada. Pero toda­vía no se ha encon­trado la clave de la Lineal A, gra­fía de los minoi­cos antes de la con­quista micé­nica. El enigma de la paz está aun sellado. Des­ci­fre­mos, pues, la lineal A o, más bien, inven­te­mos la ideo­gra­fía diná­mica, la escri­tura del por­ve­nir, la sobre­len­gua de los colec­ti­vos inte­li­gen­tes. En lugar de ampliar las for­ta­le­zas del poder, refi­ne­mos la arqui­tec­tura del cibe­res­pa­cio, el último labe­rinto. En cada cir­cuito inte­grado, en cada chip elec­tró­nico se ve y no se sabe leer la cifra secreta, el emblema com­pli­cado de la inte­li­gen­cia colec­tiva, men­saje iré­nico dis­perso al viento.”

El laberinto de Minos

El linea­miento de Lévy con la cul­tura hacker y con el cyber­punk es patente. Hago memo­ria: el tér­mino ‘hacker’ unde sus raí­ces en la prehis­to­ria de Inter­net; pro­viene del fabu­loso Ins­ti­tuto Tec­no­ló­gico de Mas­sa­chus­sets (MIT) y se difunde ini­cial­mente gra­cias a ARPANET (la pro­to­in­ter­net de los 70). En este sen­tido el autor fran­cés, que deriva inte­lec­tual­mente de Deléuze y Guat­tari, no habla sólo de inte­li­gen­cia colec­tiva, plan­tea una mirada per­so­nal sobre el con­texto polí­tico y social; al igual que hicie­ron en su momento Al Farabi y Tomás Moro plan­tea la nece­si­dad de ima­gi­nar otra forma de rela­cio­narse con la Polis.

Pode­mos caer en el error de pen­sar que Inter­net ha sido la con­di­ción sine qua­non para con­se­guir logros de la inte­li­gen­cia colec­tiva o para poder rea­li­zar tra­bajo en red. Como indi­caba José Anto­nio Marina en un artículo de 2004 “La Repú­blica de las Letras” [ http://www.elmundo.es/papel/2004/01/03/docume/1551864.html ], en Europa exis­tió, en el siglo XVII y XVIII una espe­cie de “Inter­net epis­to­lar” (para abre­viar la voy a lla­mar la Car­ta­net). Esta era una red libre de escala, dis­tri­buida tanto geo­grá­fi­ca­mente como por dis­ci­pli­nas de la filo­so­fía, las cien­cias y las artes. Entre algu­nos famo­sos “influ­yen­tes” hiper­co­nec­ta­dos encon­tra­mos a Des­car­tes, cuya corres­pon­den­cia alcanza las 10.000 car­tas. El artículo afirma rotun­da­mente que fue­ron Dide­rot y D’Alembert quie­nes ins­ti­tu­cio­na­li­za­ron esta diná­mica Repú­blica de las Letras y que en con­creto el pro­yecto de la Enci­clo­pe­dia “Fundó la socie­dad en red”. Ideas como «le com­merce d’idées» o y sobre todo la per­sis­tente repe­ti­ción de la pala­bra «réseau» en la obra Le Rêve de d’Alembert, indi­can, según  Éric Leton­tu­rier, que Dide­rot habría sido influen­ciado por las teo­rías de Haller y Bor­deu para des­cu­brir las posi­bi­li­da­des de la red como modelo de comu­ni­ca­ción y cola­bo­ra­ción. En un artículo sobre la Enci­clo­pe­dia, el autor de Jac­ques el Fata­lista, nos alum­bra con una frase genial, pro­pia de figu­rar en el fron­tis­pi­cio del edu­punk: “no existe nin­guna socie­dad de donde se pue­dan sacar todos los cono­ci­mien­tos que se nece­si­tan.” (Ref: “Redes cul­tu­ra­les. Cla­ves para sobre­vi­vir en la glo­ba­li­za­ción”: Redes_Culturales.pdf )

Sería en el siglo XX sin embargo cuando los gran­des avan­ces de las tele­co­mu­ni­ca­cio­nes per­mi­tie­ron esta­ble­cer un gigan­tesco tejido glo­bal de redes: la red aérea de trans­porte, el telé­fono y final­mente Inter­net y en con­creto una de sus apli­ca­cio­nes estre­lla: el correo elec­tró­nico, éste creó la “Car­ta­net 2.0″ y sus­ti­tuyó a la red die­ci­ochesca y tam­bién al ochen­tero fax. Ade­más, el vetusto telé­fono, al final de esta era tomaba un giro tras­cen­dente, se vol­vía móvil y con ello la cone­xión a las redes se vol­vía per­ma­nente y personal.

En Esta­dos Uni­dos estas ideas cris­ta­li­za­ron en varios libros sur­gi­dos en la pasada década, entre otros, en uno de enorme influen­cia entre los Com­mu­nity Mana­gers de todo el mundo: Wiki­no­mics: How Mass Colla­bo­ra­tion Chan­ges Everyt­hing de Don Taps­cott and Ant­hony D. Williams. Este libro surge como indica su título en un momento en que las ideas de Lévy, Rus­lle, Atlee, y tam­bién las de Deleuze y Guat­tari pare­cían cris­ta­li­zar: en el punto de auge de la Wiki­pe­dia. Cierto es que esta visión utó­pica sobre la reali­dad era mati­zada casi simul­ta­nea­mente por el con­tra­cul­tu­ral Jaron Lanier en un artículo titu­lado con bas­tante inte­li­gen­cia Maoismo digi­tal. Aquí se des­taca la capa­ci­dad de la comu­ni­dad para anu­lar los men­sa­jes que mani­fies­tan ras­gos de per­so­na­li­dad u opi­nión; es un hecho una de las reglas de oro de Wiki­pe­dia es la “neutralidad”.

A mi jui­cio ambos tie­nen razón, ya que en reali­dad el artículo de Lanier no des­vir­túa a Taps­cott, Wiki­pe­dia cum­ple una amplia misión y es uno de los ser­vi­cios más con­sul­ta­dos, sus rigi­de­ces y limi­ta­cio­nes son cubier­tas sin embargo por otros espa­cios dis­po­ni­bles en Inter­net más apro­pia­dos para la expre­sión per­so­nal. Inter­net es de hecho uno los espa­cios de liber­tad per­so­nal y colec­tiva más impor­tan­tes con­quis­ta­dos por la huma­ni­dad: blogs, redes socia­les, twit­ter, you­tube, etc dan cabida a todo tipo de enfo­ques, per­so­nas, opi­nio­nes, hechos, esti­los… Y todo ello con­vive al tiempo en la red, las noti­cias expues­tas con obje­ti­vi­dad, los artícu­los enci­clo­pé­di­cos, los intere­ses de los pocos y lo estric­ta­mente personal.

Docu­men­tán­dome sobre esto, vi que uno de los giros que se emplean en la wiki­pe­dia inglesa en rela­ción a la inte­li­gen­cia gru­pal o colec­tiva es “hive mind”. Héte aquí que lo paso a Goo­gle Trans­la­tor y me dice que esto sig­ni­fica en espa­ñol “espí­ritu de la col­mena”. Así qué me acuerdo como no podría ser de otra manera de Vic­tor Erice, autor de una de las obras de arte de nues­tro cine de igual título, que nos da una clave poé­tica y tam­bién poco citada en la inci­piente lite­ra­tura sobre redes sociales:

El título, en reali­dad, no me per­te­nece. Está extraído de un libro, en mi opi­nión, el más her­moso que se ha escrito nunca sobre la vida de las abe­jas, y del que es autor el gran poeta y dra­ma­turgo Mau­rice Mae­ter­linck. En esa obra, Mae­ter­linck uti­liza la expre­sión “El espí­ritu de la col­mena” para des­cri­bir ese espí­ritu todo­po­de­roso, enig­má­tico y para­dó­jico al que las abe­jas pare­cen obe­de­cer, y que la razón de los hom­bres jamás ha lle­gado a comprender”.

Este texto, gra­cias tam­bién a Wiki­pe­dia (este maoista invento parece que a veces fun­ciona) nos entrega el enlace al texto del escri­tor: http://www.culturaapicola.com.ar/apuntes/libros/la%20vida%20de%20las%20abejas.pdf . En efecto es extra­or­di­na­rio y como todos los demás que cito, se trata de una lec­tura fascinante.

Es evi­dente que la com­pa­ra­ción de la socie­dad humana con el fun­cio­na­miento de la col­mena es suge­rente y ten­ta­dora, pero no debe­mos olvi­dar algu­nas dife­ren­cias. La pri­mera es que somos pri­ma­tes, con fami­lias, cohe­sión tri­bal, etc. Existe una cone­xión glo­bal y la ley de los seis gra­dos se da. Por otra parte nues­tra socie­dad es más com­pleja, como pen­saba Bruno Latour las cone­xio­nes socia­les se extien­den a los obje­tos mate­ria­les, a las orga­ni­za­cio­nes, y en defi­ni­tiva a nume­ro­sos acto­res “no huma­nos” que for­man parte de nues­tro con­texto vital. “Tim” Berners-Lee, padre de la WWW y uno de los gran­des res­pon­sa­bles del fenó­meno de las social­nets, pro­po­nía inte­li­gen­te­mente que la WWW debe­ría evo­lu­cio­nar hacia otra cosa: “lo llamé Web Semán­tica [tam­bién cono­cida como Web 3.0], pero debe­ría haber hablado de GGG (Grafo Glo­bal Gigante)”. Una red donde se inter­co­nec­ta­ran, las per­so­nas, la infor­ma­ción, las cosas… y todas las redes entre sí.

Según la visión apo­ca­líp­tica de algu­nos medios y dis­co­grá­fi­cas, Inter­net sería un un espa­cio donde no sólo tie­nen liber­tad las ideas, sino tam­bién la pira­te­ría, la pede­ras­tia, el phis­sing, los virus y toda clase de deli­tos ciber­né­ti­cos. Por mi parte sin embargo creo que la Inter­net del siglo XXI está per­mi­tiendo el retorno del espí­ritu de aque­lla vieja cul­tura medi­te­rrá­nea del Mino­tauro, en cuanto al espí­ritu de la inte­li­gen­cia colec­tiva de esta era quizá no se trate tanto del espí­ritu poé­tico de la col­mena, si no como apun­tan los dis­tin­tos indi­cios, al triunfo de un nuevo modelo cul­tu­ral en el que con­verge el espí­ritu de la ilus­tra­ción y la cul­tura hacker.

emblema hacker

Otras refe­ren­cias:

*Félix Guat­tari La Révo­lu­tion molé­cu­laire, 10/18, París, 1980. No creo que deba estar en los “esen­cia­les” este último pero si en la de “para saber más”. Ante­ce­den­tes del pro­pio autor y

* Michel AUTHIER et Pie­rre LEVY, ” La cos­mo­pé­die, une uto­pie hyper­vi­sue­lle ” in Cul­ture Tech­ni­que, n° 24, avril 1992, pp. 236–244

* Michel AUTHIER et Pie­rre LEVY, Les arbres de con­nais­sance, La Décou­verte, Paris 1992. Hasta donde haya podido lle­gar yo está claro que la for­mu­la­ción post­mo­derna de estos con­cep­tos se con­cibe como véis

* Entre­vista a Pie­rre LEVY: http://sociologiac.net/2007/07/19/pierre-levy-la-inteligencia-colectiva-nuestra-mas-grande-riqueza/

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