El gran poeta romano Lucrecio construyó hace más de dos mil años uno de los poemas largos más hermosos y perfectos que se hayan creado: De rerum natura. Un prodigio de 7.400 hexámetros distribuidos en seis libros, quizá el poema más largo de la historia de Roma.
Anticipándose en siglos a los conceptos científicos actuales postuló que todo estaba compuesto de átomos y vació. En el texto que copio a continuación (trad. José Marchena, fuente, CervantesVirtual) se describe la dinámica de la materia de una forma intuitivamente perfecta, compatible tanto con la ley de Lomonósov-Lavoisier de conservación de la materia, como con la definición del movimiento browniano. Decía el poeta Basil Bunting que Lucrecio se muestra contento de explicar el mundo un átomo tras otro. Siendo un filósofo casi alquímico Lucrecio, que comparte la pasión por el movimiento de Heráclito, se aleja sin embargo de éste en muchas otras cosas, además de en su luminosidad, en su capacidad para concebir la naturaleza enormemente variada e inextricable del movimiento de los átomos. El espacio es un enorme vacío donde se mueven estas partículas y la luz. Hasta el experimento de Michelson y Morley de 1887 se mantuvo la teoría de que la luz se movía a través del éter. Lucrecio tenía razón y la eliminación de ese prejucio permitió apenas unos años después la formulación de la Relatividad Especial de Einstein.
Con todo la poesía de Lucrecio no sólo fascina por su claridad, en ella encontramos el contraste de opuestos (la materia y el vacío, el nacimiento y la muerte), la cadencia rítmica de los versos y su serenidad, que emparentan a este texto con ciertas obras musicales y muy especialmente con la visión artística de Glenn Gould: “la progresiva y permanente construcción durante toda la vida de un estado de asombro y serenidad”.
| Sígueme siempre tú, y escucha ahora Cuál es el movimiento con que engendran | ||
| Y a los cuerpos destruyen los principios | ||
| De la materia, y cuál es el impulso | ||
| Y cuál la rapidez que hace que vuelen | ||
| Por el espacio inmenso sin descanso. | ||
| Porque seguramente la materia | ||
| No es una masa inmóvil, pues que vemos | 90 | |
| Disminuirse un cuerpo, y de continuo | ||
| Manando, se consumen a la larga | ||
| Y el tiempo nos los roba de la vista; | ||
| Se conserva sin pérdidas la suma: | ||
| Empobreciendo un cuerpo, los principios | ||
| Van a enriquecer otro, y envejecen | ||
| Los unos para que otros reflorezcan; | ||
| Ni en un sitio se paran; de este modo | ||
| El universo se renueva siempre, | ||
| Y se prestan la vida los mortales; | 100 | |
| Crecen unas especies y se acaban: | ||
| Y en poco tiempo las generaciones | ||
| Se mudan y la antorcha de la vida | ||
| Cual ágiles cursores se transmiten. | ||
| Si piensas tú que los principios pueden | ||
| Cesar, y que cesando engendran nuevos | ||
| Impulsos, la verdad de ti se aleja: | ||
| Pues movidos en medio del vacío | ||
| Los principios, es fuerza que obedezcan | ||
| O a su gravedad misma, o al impulso | 110 | |
| Quizá de causa externa; desde arriba | ||
| Precipitados, pues, encuentran otros, | ||
| Que a un lado los apartan de repente; | ||
| No es maravilla, porque son pesados, | ||
| Durísimos y sólidos, y nada | ||
| Les pone estorbo alguno por su espalda. | ||
| Y para que del todo te convenzas | ||
| De que generalmente los principios | ||
| Están en movimiento, ten presente | ||
| No darse lugar ínfimo en el todo, | 120 | |
| Donde se paren los primeros cuerpos, | ||
| Porque inmenso, infinito es el espacio. | ||
| No reposan jamás en el vacío | ||
| Los principios: por su naturaleza | ||
| En movimiento siempre variado | ||
| Unos a gran distancia son lanzados, | ||
| Otros se apartan menos, y se enlazan | ||
| En el choque. Si es breve su distancia, | ||
| Y se repelen poco, y su tejido | ||
| Se liga íntimamente, constituyen | 130 | |
| Las rocas solidísimas, y el hierro, | ||
| Y una corta porción de otras substancias | ||
| De esta naturaleza: si, al contrario, | ||
| El choque los rechaza y los dispersa, | ||
| Y los hace vagar por el espacio, | ||
| En largos intervalos, nos ofrecen | ||
| Del Sol la luz brillante y aire raso. | ||
| Y vagan además por el vacío | ||
| Muchos que están privados de juntarse, | ||
| O que jamás pudieron agregados | 140 | |
| Entrar en el concorde movimiento; | ||
| De lo cual una imagen y figura | ||
| Continuamente hiere nuestros ojos, | ||
| Cuando del Sol los rayos se insinúan | ||
| De través por las piezas tenebrosas. | ||
| Si reparas, veras cómo se agitan | ||
| Átomos infinitos de mil modos | ||
| Por el vacío en el luciente rayo: | ||
| Y en escuadrones, en combate eterno | ||
| Se dan crudas batallas y peleas, | 150 | |
| Y no paran jamás: ya se dividen, | ||
| Y ya continuamente se repliegan. | ||
| De aquí puedes sacar que en el vacío | ||
| Eternamente los principios giran: | ||
| Un efecto vulgar puede servirnos | ||
| De modelo y de guía en cosas grandes. | ||
| En los rayos del Sol rápidamente | ||
| Movidos estos cuerpos, fijar deben | ||
| Nuestra atención, pues su girar eterno | ||
| Prueba un choque secreto y clandestino | 160 | |
| De los átomos: muchos se extravían, | ||
| Como verás, a un golpe imperceptible; | ||
| Retroceden, y aquí y allí se lanzan | ||
| En toda dirección por todas partes: | ||
| Los principios se mueven por sí mismos | ||
| Y dan el movimiento a aquellos cuerpos | ||
| Que se componen de una masa fina | ||
| Y análoga a sus débiles esfuerzos; | ||
| Los últimos atacan a los cuerpos | ||
| Un poco más groseros; de este modo | 170 | |
| De los principios nace el movimiento, | ||
| Y llega a los sentidos de seguida, | ||
| Hasta que los corpúsculos se mueven | ||
| Que en los rayos del Sol vemos nosotros, | ||
| Sin que podamos ver quién los agita. |




