The Social Network is near

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Posted on 16th julio 2010 by redondomartin in Cine |Redes Sociales

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Ya está dis­po­ni­ble el trai­ler para cines de The Social Net­work, la pró­xima pelí­cula de David Fin­cher (Seven, El Club de la Lucha) que cuenta la his­to­ria del naci­miento y los pri­me­ros éxitos de Face­book. La pelí­cula está basada en el libro lla­mado  Mul­ti­mi­llo­na­rios por acci­dente (The Acci­den­tal Billio­nai­res: The Foun­ding Of Face­book, A Tale of Sex, Money, Genius, and Betra­yal) de Ben Mez­rich. La ver­dad es que el libro es ameno y narra de forma ágil la etapa que va desde la crea­ción de Facemash(2003) por parte de Zucker­berg hasta su acenso en los círcu­los de Sili­con Valley hasta lograr la pri­mera gran inver­sión milo­na­ria en la red social que alcan­zará en breve los 500 millo­nes de usuarios.

Kevin Spacey

Kevin Spa­cey hablando de la pelí­cula en FICOD 2009

El pro­yecto sobre el papel parece sol­vente, con Aaron Sor­kin encar­gado del guión. El joven Mark Zucker­berg y Sean Par­ker apa­re­cen repre­sen­ta­dos por Jesse Eisen­berg y Jus­tin Timberlake. Kevin Spa­cey, que fue actor con Fin­cher, es el pro­duc­tor de la cinta y nos ase­guró en su visita a Ficod del pasado año que la pelí­cula sería más diver­tida de lo que la gente se podría pen­sar. La ver­dad es que la novela lo es y sin ser un pro­ducto de alta cali­dad lite­ra­ria posee ritmo e interés.

El estreno mun­dial será en octu­bre. Parece pronto para hacer la his­to­ria de la fun­da­ción de una empresa que aún no ha cum­plido una década, pero lo cierto es que se trata de un autén­tico fenó­meno. En cual­quier caso esta con­ver­gen­cia del cine con la tec­no­lo­gía más actual parece una apor­ta­ción intere­sante.
Como curio­si­dad hay que decir que el libro se realizó sobre entre­vis­tas con algu­nos de los fun­da­do­res, pero no con Zucker­berg, a quien su pri­mer socio, Eduardo Seve­rin, no guarda pre­ci­sa­mente el mejor de sus afectos.

Eslabones de una cadena: Tractatus, música y cine

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Posted on 21st abril 2010 by redondomartin in Cine |Música

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«En el estado de cosas los obje­tos depen­den los unos de los otros como los esla­bo­nes de una cadena.» Lud­wig Witt­gens­tein, Trac­ta­tus 2.03

2.031 El Clave Bien Tem­pe­rado | Pre­lu­dio y Fuga nº2 BWV 847 | Glenn Gould

Estu­penda y bara­tí­sima edi­ción de The Well Tem­pe­red Cla­vier Book 1. BWV 846–853 gra­bada para Colum­bia (ahora Sony). Con pasa­jes bri­llan­tí­si­mos de Gould. En este caso “el modo y manera en que se com­por­tan los obje­tos unos con otros” se per­cibe al escu­char en un teclado donde se reco­rren todos los doce tonos mediante com­bi­na­cio­nes de pre­lu­dios y fugas. Esto es posi­ble gra­cias a la afi­na­ción tem­pe­rada que abrió las posi­bi­li­da­des de com­po­si­ción de los siguien­tes siglos al faci­li­tar enor­me­mente la modu­la­ción. En tér­mi­nos pic­tó­ri­cos hace una com­po­si­ción de doce díp­ti­cos en que com­bina todos los colo­res y diver­sos patro­nes rít­mi­cos y com­po­si­ti­vos. La dis­cu­sión de si esta obra es un ejer­ci­cio aca­dé­mico o una obra de pleno sen­tido musi­cal sería un sin­sen­tido, más bien parece un modo como cual­quier otro de explo­rar el labe­rinto crea­tivo. Es algo simi­lar a algu­nos tex­tos de Ray­mond Que­neau, que resul­tan sobre­sa­lien­tes. El pro­pó­sito didác­tico estaba con­te­nido en el alcance de la obra, pero tam­bién encie­rra algu­nos deta­lles para los cono­ce­do­res de la Música; esto decía Bach en la por­tada de la partitura:

«El [ins­tru­mento de] teclado bien tem­pe­rado, o pre­lu­dios y fugas en todos los tonos y semi­to­nos, ambos con la ter­cera mayor o ut, re, mi y con la ter­cera menor o re, mi fa, están com­pues­tos para la prác­tica y el pro­ve­cho de los jóve­nes músi­cos deseo­sos de apren­der y para el entre­te­ni­miento de aque­llos que ya cono­cen este arte».

2.032 Blues for Pablo | Miles Ahead | Miles Davis

Esta pro­po­si­ción del Trac­ta­tus nos dice que la estruc­tura del estado de las cosas “es el modo y manera como los obje­tos se rela­cio­nan en él”. He tomado el disco Miles Ahead para ilus­trarlo, pero lo mismo se podría haber tomado cual­quier cua­dro de Edward Hopper.

2.033 La inva­sión de los ladro­nes de cuer­pos | Don Siegel

Estu­penda pelí­cula de terror extra­te­rres­tre en que los inva­so­res se desa­rro­llan en capu­llos y ase­si­nan y sus­ti­tu­yen a las per­so­nas. Bási­ca­mente es lo que hacen los per­fi­les de face­book con noso­tros, excepto que de momento no nos andan ase­si­nando. “La forma es la posi­bi­li­dad de la estruc­tura”, tal y como decía el aus­triaco. Curio­sa­mente estos seres se lla­man ‘pods’, casi como las cria­tu­ras de Steve Jobs. ¿La tec­no­lo­gía imita al arte?

2.034 Lacombe Lucien | Dir. Louis Malle | Guión: Patrick Modiano

Aun­que esta pro­po­si­ción, que dice que la estruc­tura del hecho viene con­di­cio­nada por las estruc­tu­ras de los esta­dos de cosas parece for­mu­lada por un físico cuán­tico, quizá tam­bién sea apli­ca­ble a los hechos his­tó­ri­cos que tie­nen com­po­nen­tes irra­cio­na­les o arbi­tra­rias, esa com­bi­na­ción de azar y res­tric­cio­nes que según Monod acabó guiando la evo­lu­ción de casi todos los seres vivos tam­bién forma del algún modo nues­tras posi­bi­li­da­des elec­ti­vas ante un con­flicto moral.

Libros de la semana: Edward Gorey, Fernando Krahn, Nicanor Parra

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Posted on 12th abril 2010 by redondomartin in Cine |Libros

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Entre el tra­bajo sobre­do­si­fi­cado, la escri­tura de mi nuevo libro y las vaca­cio­nes he tenido un poco aban­do­nada esta ventana.

Me he sal­tado entre otras cosas el repaso a la visita sema­nal a las libre­rías. Com­pré cosas bas­tante raras: ‘Bicho­gra­fías’, un bes­tia­rio hecho con bas­tante humor por el recien­te­mente falle­cido Fer­nando Krahn, ‘Parranda Larga’, de Nica­nor Parra y ‘Amp­hi­go­rey de nuevo’, de Edward Gorey. Hace poco tam­bién me pre­sen­ta­ron a Jodo­rowsky en la pre­sen­ta­ción de su ‘Poe­sía sin fin’, que apro­ve­ché para que me fir­mara. Ade­más de esta racha de lec­tu­ras de los poe­tas del fin del mundo, creo que últi­ma­mente ando algo medio gótico, ayer estuve viendo Shut­ter Island, la pelí­cula más oscura de Scor­sese, y hace un momento el Drá­cula de Guy Mad­din. Para poner las cosas en su sitio ando escu­chando a The Cure. Entre­tanto me pre­gunto a mí mismo por­qué a Parra no le han dado aún el Pre­mio Cer­van­tes o el Nobel, quizá por­que los jura­dos aún tie­nen alguna con­fu­sión, espero que algún día corri­jan la opinión.

Gorey es un tipo aparte, quizá el artista que más haya ins­pi­rado a Tim Bur­ton. Sin la pátina cool de Char­les Addams o del pro­pio Krahn, que se aso­ma­ban con auto­ri­dad en la mítica The New Yor­ker, era mucho más arries­gado, mez­cló en sus viñe­tas a la infan­cia y a la muerte, una yux­ta­po­si­ción a todas luces de alta poten­cia poé­tica pero de impacto emo­cio­nal inquie­tante –que por cierto tam­bién se da en Shut­ter Island pero en este caso prác­ti­ca­mente sin pre­sen­cia del esti­lete trans­gre­sor del pro­fun­da­mente libre Edward Gorey.

Sub­yace en su poé­tica un fondo dra­má­tico, con un men­saje claro: la muerte es un suceso alea­to­rio que des­truye la inocen­cia, y nos espera tras cual­quier ines­pe­rado acci­dente:

Pro­fun­da­mente extraño la publi­ca­ción de la serie Amp­hi­go­rey fue su pri­mer y muy tar­dío éxito, uno de los más raros poe­tas visua­les que se recuer­den. Un genio y como Parra, uno de los poe­tas sin Olimpo.

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Robin y Marian: donde caiga la flecha

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Posted on 7th febrero 2010 by redondomartin in Cine

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El tris­tí­simo final de la pelí­cula de Richard Les­ter, Robin y Marian es una de las esce­nas más con­mo­ve­do­ras de esta atí­pica pelí­cula, que trata del héroe como un ser ven­cido, que trata tam­bién de un amor autén­tico e irrea­li­za­ble, y que trata de la muerte.

El film se rodó en Nava­rra y a él asis­tió Jesús Ferrero, quien fuera uno de mis maes­tros en el mundo de las letras. Años más tarde escrí­bía las memo­rias del rodaje en su blog.

La fama de la escena tiene su base en dos entra­das de guión.

Justo antes de la muerte de Robin, Marian le dedica estas últi­mas pala­bras, posi­ble­mente las más cita­das de la película:

«Te amo. Te amo más que a todo, más que a los niños, más que a los cam­pos que planté con mis manos, más que a la ple­ga­ria de la mañana o que a la paz, más que a nues­tros ali­men­tos. Te amo más que al amor o a la ale­gría o a la vida entera. Te amo más que a Dios»

Quizá no tie­nen tanta fuerza esas pala­bras si no las vemos en la escena, y tam­poco la ten­drían si en ella no le suce­diera poco des­pués esta otra línea de Robin:

«Donde caiga la fle­cha, John, coló­ca­nos jun­tos y déja­nos allí.»

Inca­paz ya de luchar, su arco no per­mite ya otra cosa más que seña­lar el lugar en que per­ma­ne­cerá muerto, junto con Marian.

Toda la escena es sor­pren­dente, con los acto­res: Audrey Hep­burn, Sean Con­nery y Nicol William­son come­di­dos y extra­or­di­na­rios, con una ilu­mi­na­ción ceni­cienta que anun­cia la muerte y con un tra­ta­miento cine­ma­to­grá­fico sen­ci­llo e impe­ca­ble, que hace sen­tir el desam­paro de los per­so­na­jes y la inti­mi­dad de un adiós definitivo.

La pelí­cula es impor­tante por­que rompe con todo tipo de tópi­cos, el tono épico, la pre­sunta gran­deza de Ricardo Cora­zón de León, el final feliz, la idea del Robin impe­ca­ble, sal­ta­rín y risueño que nos dio Errol Flynn… y todo ello lo hace con iro­nía, cam­biando la fuerza dra­má­tica de la obra de la peri­pe­cia al inte­rior de los per­so­na­jes y de la anéc­dota al plano de lo simbólico.

Las narra­cio­nes sobre Robin Hood cons­ti­tu­yen junto con las leyen­das artú­ri­cas uno de los ciclos que se han abor­dado en más oca­sio­nes y que han reunido a las plu­mas más ilus­tres. En con­creto, en este caso a Scott y Dumas, entre otros.

La escena sin embargo parece tener su ori­gen en un autor menos citado y publi­cado, que tam­bién fue uno de los mejo­res ilus­tra­do­res de su época: Howard Pyle, quien en el final de Las aven­tu­ras de Robin Hood narra así su final:

Luego los dos que­da­ron en silen­cio y el Pequeño John per­ma­ne­ció sen­tado, con la mano de Robin en la suya, mirando a tra­vés de la ven­tana abierta y tra­gán­dose de vez en cuando un nudo que se le for­maba en la gar­ganta. Mien­tras tanto, el sol fue des­cen­diendo len­ta­mente hacia el oeste, hasta que todo el cielo quedó encen­dido en un rojo esplen­dor. Enton­ces Robin Hood, con voz tré­mula y frá­gil, le pidió al Pequeño John que le ayu­dara a incor­po­rarse para poder con­tem­plar una vez más los cam­pos; el valiente pros­crito le levantó los bra­zos y Robin Hood apoyó la cabeza en los hom­bros de su amigo. Miró durante un largo rato, con mirada lenta y con­tem­pla­tiva y derra­mando lágri­mas, que caían sobre su regazo, pues sen­tía que se acer­caba la hora de la des­pe­dida defi­ni­tiva. Enton­ces Robin Hood le pidió que ten­diera por él su arco y esco­giera una buena fle­cha en la aljaba.…
–Pequeño John –dijo–. Que­rido amigo, a quien quiero más que a nadie en el mundo, te ruego que mar­ques el lugar donde caiga esta fle­cha y allí hagas cavar mi tumba. Ente­rradme con el ros­tro hacia el este, Pequeño John, y pro­cu­rad que mi lugar de reposo se man­tenga verde y que mis can­sa­dos hue­sos no sean molestados.

Cuando ter­minó de hablar, se incor­poró de pronto y quedó sen­tado y erguido. Por un momento pare­ció que sus anti­guas fuer­zas vol­vían a él y, tirando de la cuerda hasta la oreja, dis­paró la fle­cha a tra­vés de la ven­tana abierta. Y mien­tras la fle­cha volaba, la mano que sos­te­nía el arco cayó len­ta­mente hasta apo­yarse en las rodi­llas, y todo el cuerpo se des­plomó del mismo modo en los lea­les bra­zos del Pequeño John; algo había salido de aquel cuerpo, en el mismo ins­tante en que la fle­cha salía dis­pa­rada del arco.

Durante varios minu­tos, el Pequeño John per­ma­ne­ció inmó­vil, pero por fin acostó con cui­dado el cuerpo de su amigo, cru­zán­dole las manos sobre le pecho y cubrién­dole el ros­tro, y luego dio media vuelta y salió de la habi­ta­ción sin decir una pala­bra ni hacer sonido alguno.

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