Música de la semana: Chopin, Oscar Peterson, Camarón, Battiato

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Posted on 22nd marzo 2010 by redondomartin in Música

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Hacía tiempo que no me daba una pan­zada de com­prar CDs. Tras el último viaje no sé donde se me ha escon­dido el iPod Clas­sic donde yacen casi todas mis últi­mas com­pras, en gene­ral vir­tua­les. No era cues­tión de espe­rar y me ape­te­cía tener alguna música que pese a no haber for­mado parte de mis estan­tes sen­tía que debía de estar ahí. Se trata de músi­cos mayúscu­los y de dis­cos de los de sacar direc­ta­mente el reclinatorio.

a) The Com­plete Cho­pin Edi­tion. 200 Aniver­sa­rio (EMI). 16 CDs de este sello clá­sico de refe­ren­cia, que incluye a músi­cos de la talla de Leif Ove Ands­nes, Clau­dio Arrau, Daniel Baren­boim, Andrei Gavri­lov, Agus­tin Anie­vas y Garric Ohls­son. Es el200 aniver­sa­rio de Cho­pin, esta edi­ción, com­prada con oferta en El Corte Inglés es un lujazo, y me salió por 28,95 €. Impre­sio­nante com­pra que reco­miendo. De paso apro­ve­ché el fin de semana para escri­bir con calma la noti­cia del 200 aniver­sa­rio de Cho­pin para Ámbito Cul­tu­ral, que es mas bien un intento por resu­mir sus  apor­ta­cio­nes a la his­to­ria de la música. Ejem­plo de uno de los Études inter­pre­ta­dos por Anie­vas, una extra­or­di­na­ria­mente her­mosa tris­teza:

b) Fly me to the moon. Oscar Peter­son (Uni­ver­sal / Jazz­club | legends)
Se trata de una com­pi­la­ción remas­te­ri­zada de gra­ba­cio­nes que van de 1963 a 1971. Algu­nas las tengo en otros dis­cos. El ‘Fly me to the moon’ es un tema tota­mente ‘Sina­tra’ que es algo espe­cial, lo tocá­ba­mos Edu Vilas y yo en la banda que com­par­ti­mos entre 2004 y 2006. De hecho inter­pre­ta­mos el tema en mi boda, no recuerdo si saqué alguna mag­da­lena como en el resto de con­cier­tos, si me acuerdo que me fumé un puro, cosa que es rara salvo que se me cruce el amigo David Torres, que es una autén­tica cava de lujo con forma de escri­tor. Acá va Peter­son y su vuelo hacia la luna, en este caso cir­cuns­crito por el album ‘Tris­teza’. ¿Como lo de Cho­pin? Sí ¿Casua­li­dad? No creo.

c) La leyenda del tiempo. Cama­rón. Edi­ción remas­te­ri­zada en 2005. Se trata de un disco legen­da­rio en varios pla­nos, fue el pri­mero de Cama­rón con Toma­tito, una fusión extre­ma­da­mente audaz de fla­menco en la que entran bajos eléc­tri­cos, bate­rías y sin­te­ti­za­do­res. El can­tante se sale, la música es extra­or­di­na­ria y variada, e incluye todo tipo de tema­zos, desde los de tipo pop como Volando Voy al fla­menco impuro del Romance del amargo.

El otro plano en que es legen­da­rio es más pri­vado… Cama­rón era ban­dera en el depar­ta­mento de Bio­fí­sica de la Com­plu­tense cuando yo estaba ter­mi­nando la carrera, en espe­cial uno de los temas: Vie­jo­Mundo, que uti­liza como letra un poema del persa Omar Kha­yam, mate­má­tico, poeta y filó­sofo. Citado exten­sa­mente por Juan Pérez Mer­ca­der y por mis gran­des pro­fe­so­res Fede­rico Morán y Fran­cisco Mon­tero, a mi jui­cio los más intere­san­tes de la carrera, con los que habla­mos del ori­gen de la vida, de la fle­cha del tiempo o del Caos. Con ellos cele­bra­mos el fin de curso en un recón­dito tablao en un sótano de la calle Cáce­res si mal no recuerdo, en la zona de Deli­cias. El domi­nio del depar­ta­mento con­tiene la pala­bra Solea: http://solea.quim.ucm.es en lo que quizá sea el depar­ta­mento más fla­menco del mundo.

El mundo es un grano de polvo en el espa­cio,
la cien­cia de los hom­bres es pala­bra,
los pue­blos, los ani­ma­les
y las flo­res de los siete cli­mas
son som­bras de la mar.

d) Fre­quenze & Dis­sol­venze. Franco Bat­tiato (EMI)

Esto es un pro­ducto híbrido, dos CD y dos DVD uno de los cua­les recoge los videos que van del disco de L’era del cinghiale bianco a Come un cam­me­llo in una gron­daia, el otro es el con­cierto de Bag­dad, con un bar­budo Bat­tiato, sen­tado sobre una alfom­bra y acom­pa­ñado por orquesta de cuerda. Extraño la auda­cia sto­ckhau­se­niana de sus pri­me­ros dis­cos, que están exclui­dos de este reco­pi­la­to­rio des­ti­nado al gusto uni­ver­sal pero la ver­dad es que es un hallazgo en tiem­pos de oferta musi­cal dege­ne­rada o estú­pida sin más.

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Libros de la semana: Zuckerberg y Byron, ¡vaya mezcla!

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Posted on 16th marzo 2010 by redondomartin in Libros |Redes Sociales

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Ando comen­zando mi ter­cera semana de reen­trada en IFI y no paro así que se resiente mi tiempo de lec­tura. Esta semana sólo com­pré un par de libros y eso que el sábado me acer­qué a la miniferia/club del libro que ha inven­tado Edu Vilas en Hotel Kafka y que como casi siem­pre se ha vuelto una fiesta más entorno a la lite­ra­tura. Estuvo dedi­cada a Len­gua de Trapo, sus libros y sus auto­res. Por ahí andaba mi señor edi­tor Manuel Fer­nán­dez Cuesta, Rafael Reig, Juan Apa­ri­cio Bel­monte, Lorenzo Caprile, Ibon Larra­zá­bal, Eduardo Vilas, Gui­llermo Aguirre…

Mi com­pra de esta semana fue un tanto breve:
– Byron, de Giu­seppe Tomasi di Lam­pe­dussa. Ed. Nor­te­sur, Bar­ce­lona, 2010. De este escri­tor había leído El Gato­pardo, excep­cio­nal, un libro de rela­tos y tam­bién su Stend­hal. Este libro es una lec­ción breve sobre el autor román­tico, apa­ren­te­mente sin la cali­dad de su ensayo sobre Stend­hal pero igual­mente intere­sante.
– Mul­ti­mi­llo­na­rios por acci­dente, de Ben Mez­rich. Alienta (Grupo Pla­neta), 2010. Una narra­ción nove­lada sobre la crea­ción de Face­book. Creo que no es plato de gusto de Zucker­berg. Lleva el sub­tí­tulo siguiente: “El naci­miento de Face­book una his­to­ria de sexo, dinero, talento y trai­ción”. Cier­ta­mente Zucker­berg apa­rece dibu­jado como un joven hacker de Har­vard con ganas de ligar, escrú­pu­los jus­tos y bas­tante suerte. Parece una narra­ción pró­xima al punto de vista de su pri­mer “inver­sor”, Eduardo Save­rin. El libro para mí es pres­cin­di­ble, pero con­tiene bas­tante información.

Hoy pre­fiero olvi­darme de las por­ta­das y dejar una foto­gra­fía de ese enorme escri­tor que fue el Prín­cipe de Lam­pe­dusa:
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Gould y las variaciones Goldberg

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Posted on 13th marzo 2010 by redondomartin in Música

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El pro­pó­sito del arte no es la libe­ra­ción de una expul­sión momen­tá­nea de adre­na­lina, sino más bien la pro­gre­siva y per­ma­nente cons­truc­ción durante toda la vida de un estado de asom­bro y sere­ni­dad”.
(Glenn Gould, Que se prohíba el aplauso, 1962)

Esta mañana me pre­gun­taba Juan Apa­ri­cio Bel­monte (El joven Tör­less) tras haber hablado un rato una vez más de Von­ne­gut cuál era mi novela de refe­ren­cia. Le comen­taba que no me defi­nía por una, sino más bien por varias, bási­ca­mente las obras lite­ra­rias que con­si­dero más impor­tan­tes son las que tengo pues­tas en el per­fil de Face­book, casi todas son nove­las: El Cora­zón de las Tinie­blas, Las Flo­res Del Mal, Rojo y Negro, Sola­ris, Jac­ques el Fata­lista, Tris­tam Shandy, El Gato­pardo, Otra vuelta de tuerca, Dubli­ne­ses, Mata­dero 5. Ade­más de éstas aña­di­ría La vida ins­truc­cio­nes de uso, de Perec, y La Torre, de Yeats que releí hace poco.

Esta tarde sin embargo me ha dado una vez más por escu­char las Varia­cio­nes Gold­berg de Johann Sebas­tian Bach. Aquí no me cabe la menor duda de que esta es la obra musi­cal que más he fre­cuen­tado y que más me con­vence desde hace más de veinte años.

Reco­nozco no resul­tar muy ori­gi­nal en este sen­tido. He leído mucho en estos años, pero aún he escu­chado y estu­diado mucha más música, me es difí­cil de cal­cu­lar pero quizá haya tran­si­tado por más de mil músi­cos y de diez mil pie­zas. La cues­tión sería por­qué soy afín a estas varia­cio­nes ya que no se trata de una pre­fe­ren­cia fruto de la refle­xión si no la cons­ta­ta­ción de un gusto que se alarga por más de media vida.

Johann Sebas­tian Bach com­puso estas varia­cio­nes en 1742, cuando era Kan­tor en Leip­zig. Según expli­caba su bió­grafo de la época román­tica Johann Niko­laus For­kel, en 1802, las varia­cio­nes fue­ron encar­ga­das a Bach desde Dresde por el insomne conde Her­mann Carl von Key­ser­lingk para que el cla­vi­cor­dista de su corte, Johann Gottlieb Gold­berg, le entre­tu­viese con ellas durante las noches. Según este relato, no con­tras­tado his­tó­ri­ca­mente, el conde recom­pensó gene­ro­sí­si­ma­mente con una copa de oro que con­te­nía un cen­te­nar de louis d’or, prác­ti­ca­mente el sueldo de un año de la época.

Hay quien con­si­dera este relato como un ejem­plo de story­te­lling de carác­ter publi­ci­ta­rio. Lo cierto es que la obra se publicó en su época como Aria mit vers­chie­de­nen Veraen­de­run­gen vors Cla­vi­cem­bal mit 2 Manua­len sin hacer refe­ren­cia a Gold­berg, que era enton­ces un ado­les­cente y del que se duda que fuera el cla­ve­ci­nista de la corte en aque­lla época. Aun­que hay una parte de ver­dad: es cierto que encon­tró una copia de las par­ti­tu­ras auto­gra­fiada por Bach en poder del conde. Tal vez sea tan solo una pieza de musicoterapia.

En el caso de Bach, la tra­di­ción y la mayo­ría de los músi­cos ten­de­mos a asi­mi­lar los rela­tos sobre el músico no tanto por su fia­bi­li­dad his­tó­rica si no por su valor narra­tivo y poder de con­vic­ción. Como con­se­cuen­cia de todo ello esta obra lleva desde hace dos siglos el mucho más comer­cial nom­bre de las Varia­cio­nes Gold­berg.

Estas varia­cio­nes inau­gu­ran el período de madu­rez de la obra de Bach que cie­rra El arte de la fuga, (Die Kunst der Fugue). La obra se abre con una Zara­banda, una lon­geva forma de danza ter­na­ria pro­ve­niente del siglo XVI:

Los primeros ocho compases del aria de las Variaciones Goldberg.

El hecho de que el bajo sea des­cen­dente y en un tempo lento imprime a esta aper­tura de un carác­ter melan­có­lico, que se equi­li­bra por un lado con el carác­ter dan­za­ble de la Zara­banda y con la lumi­no­si­dad del Sol Mayor con el que está arti­cu­lada. De algún modo podría rela­cio­narse con un ama­ne­cer de invierno o con una velada cre­pus­cu­lar del siglo XVIII.

Esta visión melan­có­lica la encon­tra­mos tam­bién en la Zara­banda de la Suite para clave en re menor HWV 437 de Hän­del, aun­que aquí con mayor len­ti­tud y con una tona­li­dad menor en re, mucho más grave y triste. La reali­dad es que no dista tanto del Aria de Bach, y es tam­bién de una cali­dad musi­cal fuera de lo común. Su carác­ter con­tri­buyó a dis­pa­rar el ima­gi­na­rio de Stan­ley Kubrick en su genial ver­sión de Barry Lin­don:

Es impor­tante que cite­mos esta pieza de Hän­del por­que es una de las últi­mas ver­sio­nes barro­cas de la melo­día cono­cida como La Follia, quizá la Zara­banda más popu­lar que haya habido nunca. Tam­bién se puede rela­cio­nar este Aria con otra pieza de Bach: la Cha­cona en re menor de la Par­tita número 2 para vio­lín solo BWV 1004. En este caso la ilus­tro con una mara­vi­llosa inter­pre­ta­ción de Nar­ciso Yepes en su gui­ta­rra de diez cuerdas:

Con todo tanto el Aria que abre las Varia­cio­nes Gold­berg, como la obra en gene­ral es supe­rior tanto a la obra de Hän­del citada como a la Cha­cona. La razón está en ese pecu­liar que logra con la yux­ta­po­si­ción de ele­men­tos emo­cio­nal­mente con­tra­rios y que pene­tra en otros muchos pla­nos, su sim­pli­ci­dad armó­nica y su barro­quismo, su inocen­cia y el vir­tuo­sismo ende­mo­niado que exi­gen algu­nos pasa­jes como la varia­ción 28.

La pri­mera vez que escu­ché con deta­lle esta obra fue en las manos de Gus­tav Leon­hardt, en una ver­sión his­to­ri­cista de una cali­dad muy alta. No he encon­trado el aria de aper­tura, pero sí el final, donde se repite la pieza con el Aria da capo; al escu­charlo hay que fijarse en que comienza con la última varia­ción y luego apa­rece el aria:

Vol­viendo al sig­ni­fi­cado del Aria, que abre y cie­rra la pieza, posee ese equi­li­brio entre el asom­bro y la sere­ni­dad alcan­zado en la madu­rez del arte de J.S. Bach. Es tam­bién una de las pri­me­ras obras maes­tras de la música ins­tru­men­tal. Y tam­bién uno de los sím­bo­los de la alta cul­tura de Dresde, razón por la cual Glenn Gould incluyó la varia­ción 25 en la banda sonora de la ver­sión cine­ma­to­grá­fica de Mata­dero 5, una novela que es la que más cita nues­tro amigo Juan Aparicio.

Hoy he estado escu­chando la ver­sión que hizo en su madu­rez Gould. Aun­que nor­mal­mente se ilus­tran las varia­cio­nes siem­pre con el aria en este caso quizá sea más acer­tado incluir un extracto que va de la oscura perla de la 25 a la endia­blada varia­ción 28:

¿De qué tra­taba Bach con esta pieza? Mi opi­nión es que se trata de música pura, sin pro­pó­sito narra­tivo alguno, pero que sin embargo encie­rra en sus nume­ro­sos jue­gos de opo­si­cio­nes la vida entera: el día y la noche, la vida y la muerte, el amor y la sole­dad y sobre todo, el sueño y la razón, el arte como pro­pó­sito de una vida. Es por esto pro­ba­ble­mente que sea una pieza única, ya sea en las manos de Leon­hardt, de Keith Jarret o de Gould es ade­más todas y cada una de las veces que se escu­cha igual y dis­tinta. Frente a las monu­men­ta­les obras cum­bres del barroco: La Pasión según San Mateo y El Mesías nos encon­tra­mos ante una obra que aún escrita para un ins­tru­mento de salón con­tiene una música que asom­bra. Aún hoy des­lum­bra, y posi­ble­mente lo siga haciendo por muchos años en el futuro.

Miguel Delibes, gracias

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Posted on 12th marzo 2010 by redondomartin in Libros

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Miguel Delibes, gracias

Miguel Deli­bes, gracias

http://www.ambitocultural.es/ambitocultural/portal.do?IDM=21&NM=1&identificador=251&fechaDesde=&fechaHasta=

«Londres», de William Blake

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Posted on 12th marzo 2010 by redondomartin in Poesía

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En una de las últi­mas entra­das comenté que me había hecho con Ver el mundo en un grano de arena (Ed.Visor), que Jordi Doce, coor­di­na­dor de poe­sía de Hotel Kafka ha edi­tado y tra­du­cido. Nor­mal­mente publico aquí mis pro­pios tex­tos, pero creo que hoy debo hacer un espa­cio al gran poeta lon­di­nense y a su mag­ní­fica traducción.

London, William Blake

Vago sin fin por las cen­sa­das calles,
junto a la ori­lla del cen­sado Táme­sis,
y en cada ros­tro que me mira advierto
seña­les de impo­ten­cia, de infortunio.

En cada grito Humano,
en cada chi­llido Infan­til de miedo,
en cada voz, en cada prohi­bi­ción,
escu­cho las cade­nas for­ja­das por la mente:

y escu­cho cómo el grito del Des­ho­lli­na­dor
hace pali­de­cer las oscu­ras Igle­sias,
y el dolor del Sol­dado infor­tu­nado
ensan­grienta los muros de Palacio.

Pero, al fin, en las calles de media­no­che escu­cho
cómo la mal­di­ción de la joven Ramera
deseca el llanto del recién nacido,
y asola la carroza fúne­bre de los Novios.

Trad. Jordi Doce


Lon­don

I wan­de­red through each char­te­red street,
Near where the char­te­red Tha­mes does flow,
A mark in every face I meet,
Marks of weak­ness, marks of woe.

In every cry of every man,
In every infant’s cry of fear,
In every voice, in every ban,
The mind-forged mana­cles I hear:

How the chimney-sweeper’s cry
Every bla­cke­ning church appals,
And the hapless soldier’s sigh
Runs in blood down palace-walls.

But most, through mid­night streets I hear
How the youth­ful harlot’s curse
Blasts the new-born infant’s tear,
And blights with pla­gues the Marriage hearse.

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